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Bosques de Numbala: majestuosamente biodiversos

Mayo 2016

Gracias al establecimiento de una reserva natural por parte de NCI, los romerillos gigantes de Numbala están protegidos....

Por Trotsky Riera, técnico de NCI

triera@naturalezaycultura.org

Desde Cerro Toledo (provincia de Zamora Chinchipe), bajada adentro, el sendero serpentea erosionado por décadas de tránsito de finqueros, vacas, caballos y mulas que llevan víveres y combustible, y traen tablones de una de las maderas más finas de los Andes. Descendíamos desde el páramo hasta selvas cada vez más densas y altas, pasando por un mosaico de bosques y pasturas introducidas para alimentar ganado vacuno. Luego de un par de horas, llegamos al desvío hacia Numbala Bajo para cumplir nuestro objetivo: conocer los bosques majestuosamente biodiversos de Numbala.

Afiche

Don Polo, a la derecha, y técnicos de NCI (Trotsky Riera, a la izquierda) abrazando un romerillo blanco.

Arribamos al bosque nublado por la ruta de los tablones del tan buscado romerillo, de la familia Podocarpácea, única conífera nativa de Ecuador y los Andes tropicales que en el país está representada por tres géneros: Podocarpus, Prumnopitys y Retrophyllum. Los dos primeros se hallan en los bosques andinos, y el tercero, en la Amazonía. En Ecuador se han registrado nueve especies de dicha familia, ocho de las cuales están en el Sur del país, donde la población las conoce con el nombre de “romerillo”, y a sus bosques, “romerillales”.

Es al género Podocarpus que debe su nombre el Parque Nacional más antiguo y tal vez más importante del Sur de Ecuador, número uno en el país en endemismo de plantas, y con una extraordinaria diversidad de aves. Me refiero al Parque Nacional Podocarpus (PNP), creado el 15 de diciembre de 1982, de unas 126 280 hectáreas. Pero, aparentemente, los mejores romerillales están fuera del PNP. En el valle del río Numbala se dice que esto ocurrió por conflictos de tenencia de tierras e intereses madereros; por ello, la ribera occidental de ese río fue excluida del área protegida, y poco a poco se fue convirtiendo en uno de los principales frentes de extracción de romerillos. Así, en los últimos 26 años se han deforestado unas 419 ha/año en este ecosistema, y de seguir este ritmo, dichos bosques no durarían más de cinco años.

Para evitar esto, Naturaleza y Cultura Internacional (NCI) creó una reserva natural en dicho sector mediante la compra de varios predios, con el fin de conservar esos bosques de incalculable valor social.

El primer inventario forestal realizado en tales bosques fue publicado en el 2012 por Yaguana y otros investigadores, quienes identificaron, contaron y midieron las plantas encontradas en 1 ha de la Reserva Numbala. Entre otras especies, hallaron romerillo azuceno (Podocarpus oleifolius), romerillo de montaña (Prumnopitys montana), romerillo fino (Prumnopitys harmsiana) y mollón (Retrophyllum rospigliosii); las dos últimas son especiales, no solo por su importancia ecológica para mantener la estabilidad del bosque, sino por su impacto en la economía de varias familias dedicadas a la venta de su madera. Las especies más sobresalientes en cuanto a cantidad de individuos y volumen, y por lo tanto, con mayor predominancia, fueron el mollón (37,83 %) y el romerillo fino (26,53 %); de hecho, hallaron árboles con diámetros mayores a 70 cm, y de aproximadamente 47 m de altura. ¡Unos gigantes!

Formado por miembros del Directorio de NCI, guardabosques y técnicos de la entidad, nuestro grupo se dirigía a recorrer esos bosques, con el fin de crear oportunidades para conservar el que podría ser el último refugio de estos gigantes en todos los Andes, según David Neill, uno de los más reconocidos botánicos de los trópicos, y miembro del Directorio de NCI.

Mientras bajábamos esquivando las profundas zanjas de un sendero empinado, Eduardo Cueva, coordinador de Investigación de NCI, decía: “Estos bosques son los más asombrosos del Sur de Ecuador. Por años, los campesinos se han beneficiado de la venta de su madera, pero estos bosques también han garantizado servicios ecosistémicos como agua, aire y suelos, que benefician, en primera instancia, a sus vecinos y también a todas las familias de Palanda, Chinchipe y el Norte de Perú. Son los últimos que quedan, y debemos protegerlos”.

Antes de la caída de la noche, llegamos a una antigua casa, que otrora fue usada por finqueros para cuidar su exiguo ganado y descansar luego de las agotadoras jornadas madereras, y que hoy es un puesto de vigilancia de la Reserva Numbala, que se extiende en más de 1 000 ha del cantón Palanda, Zamora Chinchipe, una de las provincias con más biodiversidad de Ecuador, pero también con muchas necesidades, pocas oportunidades e insuficientes fuentes de trabajo. Esto se muestra principalmente en cantones como Palanda, donde varias personas como Don Polo –nuestro acompañante- extraían madera hace algunos años gracias a la falta de control sobre este complejo territorio. “Empecé a trabajar con madera cuando era joven. Pasábamos en Sabanilla, donde había unos tremendos romerillos. Luego, vinimos a Numbala y nos quedamos aquí. Fuimos de los primeros colonizadores de este lugar. Los mismos funcionarios nos pedían que cortáramos el bosque y construyéramos potreros para darnos el título de la tierra, pues en ese tiempo pagaban biensísimo por el romerillo, que se vendía libremente”, dice mientras esperábamos el amanecer.

Al igual que otros colonos, Don Polo se vio obligado a comerciar madera por un Estado que promovía políticas de desmonte o limpieza del bosque para otorgar derechos de propiedad ex post facto a los colonos y aumentar la rentabilidad sobre otros usos no sostenibles de la tierra. Tal era el temor de los finqueros de que no les titulen la tierra, que cortaban árboles solo para demostrar que habían limpiado el bosque, aunque algunos de ellos no veían en la explotación maderera una fuente de ingresos. Sin embargo, la precaria ganadería y el insuficiente control obligaron a algunos a iniciarse en el negocio de la madera, para tener un ingreso solvente y mantener a sus familias.

Afiche

La madera de romerillo es una de las más finas de los Andes, y por tanto, una de las más codiciadas.

Don Polo se hubiese involucrado aún más en ese negocio clandestino, pero gracias a la iniciativa de la Fundación Podocarpus, de conservar los bosques y brindar alternativas productivas, encontró otra opción de vida. Actualmente, lleva un poco más de cinco años trabajando en NCI, en el control y vigilancia de la Reserva Numbala.

Luego de disfrutar la salida del sol sobre las montañas amazónicas, nos organizamos para empezar la jornada. Momentos después, producto de la caminata, el cansancio intentaba socavar la energía del cuerpo, pero la emoción de estar en un bosque donde se hallaron casi 1 100 árboles/ha -algunos con casi 200 años-, equivalentes a un volumen de madera de 651,89 m³, y donde viven al menos 10 especies endémicas de plantas, nos daba valor para continuar el recorrido. El cansancio vino luego, ya de regreso en el campamento.

“Hay muchas esperanzas de que el bosque se regenere y siga creciendo, ya que no todos los árboles son viejos, lo cual puede garantizar su permanencia si se siguen conservado”, añade Eduardo Cueva, de NCI, la mañana siguiente.

Los bosques de Numbala son únicos. Los estudios demuestran que tienen un mayor volumen y diversidad de plantas que los de la Estación Científica San Francisco (ECSF), en Zamora, y los de Cajanuma y Yangana, en Loja. Además, según D. Neill, Numbala tiene los bosques con mayor volumen de madera de toda la Amazonía, considerando 227 parcelas similares en toda la región, con lo cual superan a bosques de Brasil o de Guyana Francesa.

De regreso en la carretera, luego de más de 6 horas de una cuesta perpetua (desde los 2 000 metros sobre el nivel del mar -msnm- hasta casi 3 500 msnm) es un alivio llegar a Cerro Toledo. “Qué grandioso y memorable viaje. Es inspirador disfrutar de estos bosques majestuosamente biodiversos y darse cuenta de que NCI es responsable de su conservación”, dice Jordana Polis Schutz, joven que vino de EE.UU. para realizar esta expedición hacia los bosques de gigantes de Numbala.

 

 



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